¿Qué es la "quinta columna"?


La expresión “quinta columna” empleada para hacer referencia a aquellos que, residiendo en un territorio en guerra, se muestran leales al bando enemigo, es de uso común en varios idiomas. Así por ejemplo, en inglés se traduce como “fifth column”, “fünfte kolonne” en alemán o “cinquième colonne” en francés. Obviamente, al ser “quintacolumnista” -esto es, el miembro de esa “quinta columna”- un apelativo que aplican sobre ellos sus vecinos, los miembros del bando defensor del lugar en el que residen y de los que son enemigos, tiene siempre connotaciones despectivas.
Sin embargo, lo que no todo el mundo sabe es que el término “quinta columna” es de origen español y que en sus inicios no tuvo ni mucho menos un sentido despectivo, sino todo lo contrario.

Efectivamente, a mediados de 1936, tras haber cruzado el Estrecho y haberse unido en Extremadura con las fuerzas que se habían sublevado en el norte de la Península, las “tropas nacionales” iniciaron un avance sobre Madrid protagonizado por una fuerza dividida en cuatro columnas. Pese a que el golpe de Estado de julio había fracasado, el rápido avance llevado a cabo por estas columnas parecía presagiar un pronto final de la contienda, o cuando menos, la inmediata caída de Madrid.
Para colmo, la decisión del Gobierno republicano de abandonar la capital en dirección a Valencia no hizo sino desmoralizar aún más a las mayoritariamente poco preparadas fuerzas que se aprestaban a la defensa de la ciudad. Y fue precisamente en este clima de temor al enemigo cuando surgió el término “quinta columna”.
A medida que avanzaban las cuatro columnas hacia Madrid, el general Mola anunciaba machaconamente desde la radio que una “quinta columna” compuesta por aquellos madrileños fieles al bando “nacional” ya había comenzado a allanar el camino a las otras cuatro.
Evidentemente los efectos de esta noticia en una población desmoralizada y prácticamente cercada como la madrileña fueron como lo de una bomba, sembrando la desconfianza por doquier y sirviendo además de excusa para no pocos ajustes de cuentas, “paseos” y fusilamientos sumarios de sospechosos de colaborar con los “nacionales” –aunque se tratase sencillamente de personas que iban a misa, como recoge en su brillante novela “La forja de un rebelde” Arturo Barea, por aquel entonces censor del bando republicano de corresponsales extranjeros y por tanto nadie ni ligeramente inclinado hacia el otro bando-.

El término, siendo como fue nuestra Guerra Civil la primera de la historia seguida casi de forma inmediata por todo el mundo a través de la radio y las noticias cinematográficas, gozó en seguida de una gran popularidad, que aún se vería acrecentada cuando pocos años después estallase la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, si para Mola aquella “quinta columna” había tenido un carácter heroico, el sentido que se le dio en la mayoría de los casos posteriores fue generalmente muy negativo. Así, por ejemplo, en los EE.UU. se entendió por “quinta columna” a todos aquellos ciudadanos estadounidenses de origen alemán o italiano que no se mostraban firmemente partidarios de la causa aliada, y sobre todo, a los miles de ciudadanos de origen japonés –sin importar mucho sus ideas-, que llegaron a ser internados por cientos en campos de concentración –que no “de exterminio”, entiéndase la sensible diferencia- en lo que sin duda ha sido una de las páginas más tristes de la historia de esa nación.
También caló la expresión en Polonia o Checoslovaquia, donde se empleó para referirse a los miembros de la minoría alemana cómplices de colaborar con el III Reich o en Francia, donde no solo sirvió para calificar a los “colaboracionistas”, sino que además dio lugar a una curiosa anécdota que a continuación paso a relataros para dar un final ameno a este artículo:
El día de Charles De Gaulle bajaba desfilando triunfalmente por los parisienses Campos Elisios en loor de multitudes, desde algún punto uno o varios francotiradores comenzaron a disparar contra la multitud. Presas del pánico los asistentes comenzaron a gritar que se trataba de la “quinta columna” –“C'est la cinquième colonne!”- concepto que o bien aún no había calado en el vocabulario personal del jefe de uno de los tanques que participaban en la parada o bien no se le pasó por la cabeza que pudiera ser en ese momento ese su significado, ya que, ni corto ni perezoso, ordenó abrir fuego contra la quinta columna de un cercano hotel de la rue Royale. La cosa no fue a mayores, salvo para la columna, que aún hoy día se puede distinguir del resto por ser de un color diferente.