La buena noticia es que no nos enfrentamos a ninguna crisis económica. La mala es que a lo que nos enfrentamos es a una depresión solo comparable a la que sobrevino tras el famoso crack bursátil de 1929. Evidentemente esto no lo pueden decir aún ni los políticos que nos gobiernan, más si recordamos lo que les costó emplear la palabra “crisis”, ni los que aspiran a sustituirles, ya que hacer cundir el desánimo es poco práctico para la economía y aún menos útil para sus intereses electorales. Sin embargo yo, un modesto escritorzuelo de un aún más modesto blog, puedo decirlo con toda tranquilidad y encima puedo aportar las pruebas en las que me baso. Cosa vuestra ya será darme crédito o no.
¿Qué es una depresión?
Una depresión económica no es otra cosa que un largo periodo de contracción económica caracterizado por un aumento radical del número de parados y una disminución drástica del producto interior bruto y la demanda de bienes de consumo. En otra palabras, algo más que una simple crisis como la que dicen que estamos atravesando ahora.
¿Y por qué creo que no estamos frente a una crisis sino ante una depresión si la primera característica que debe cumplir una depresión es la de durar un largo periodo de tiempo, cosa de la que desde luego aún no podemos hablar?. Pues porque, y a diferencia de 1992 o 1987, cuando las bolsas de todo el mundo también experimentaron espectaculares caídas, ahora nos enfrentamos a una crisis mucho más seria que una “simple” crisis bursátil.
De hecho, a lo que nos enfrentamos es a muchas crisis, algunas de las cuales ya han aflorado –como la de la construcción-, otras aún está por ver hasta donde van a llegar –como la de los bancos-, y otras se encuentran larvadas aunque a este paso estallaran a punto fijo, algunas de las cuales son fáciles de atisbar y otras ni imaginar podemos.
Y todo esto, claro, en un contexto de crisis mundial, tan válido para España como para México, pero con el agravante de que en algunos países la crisis será menos seria, y en otros, como parece que es el caso de España, será espantosamente peor de lo que los más negros agoreros se atreven a anunciar.
La crisis inmobiliaria
Centrándonos en el caso español, y por orden cronológico, la primera gran crisis a la que hemos de atender es la de la construcción. En los últimos tiempos y en todo el mundo, se produjo un notable aumento de la construcción, pero sin ningún lugar a dudas en ningún otro lugar éste experimentó las tasas de crecimiento que pudimos observar en España. Si acaso en los EE.UU.
Las razones de este crecimiento del sector de la construcción fueron muchas, entre otras que los bancos prestaron dinero muy barato a mucha gente y que mucha gente vio en la compra de casas un negocio más seguro y rentable que las inversiones bursátiles. Un negocio seguro, sí, pero no infinito, ya que este modelo había forzosamente por terminar agotándose en el momento en el que las casas subiesen tanto de precio que ya fuesen inalcanzables para los nuevos compradores.
Sin embargo, antes de que se llegase a ese punto de inflexión, en los EE.UU. estalló lo que, allí sí, era una enorme burbuja inmobiliaria. Ya hablé de ello cuando comenté el artículo de don Leopoldo Abadía, así que en pocas palabras lo resumiré diciendo que los bancos prestaron mucho dinero a muchas personas fiables para comprar muchas casas de calidad. Cuando se les acabó su dinero continuaron prestando el de otros bancos, y cuando dejó de haber personas de confianza empezaron también a prestárselo a personas con menos garantías, o directamente sin ninguna garantía, y eso para comprar casas de calidad alta, baja o sencillamente nula.
Mientras en los EE.UU. se compraron casas a precios de oro y aún así se revalorizaban, el negocio repartió pingües dividendos, pero cuando la gente se dio cuenta de que estaba pagando mucho más por unas casas que valían mucho menos, dejaron de pagar sus hipotecas. En los EE.UU. si no quieres pagar tu hipoteca le das tu casa al banco y te olvidas del problema. Te quedas sin casa, claro, pero también sin deuda. Así que los bancos se encontraron en cuestión de meses con miles de casas y millones de deudas con sus accionistas y con otros bancos.
En España también se ha revalorizado el valor de las casas muy por encima de su valor real, pero “por suerte”, si aquí no puedes pagar tu hipoteca, el banco se queda con ella, la subasta y aún les debes lo que falta de pagar de deuda. Y así, claro, nadie entrega su casa salvo si ya no hay nada que hacer. Por eso aquí los precios han caído sí, pero mucho menos.
La crisis bancaria
Como ya he dicho, los bancos de EE.UU. jugaron con su dinero y también con el de otros bancos extranjeros. Pienso que muy poquitos de ellos españoles, más que nada porque los bancos españoles estaban en las mismas, jugándose su dinero en el crecimiento inmobiliario español y también el que otros bancos les prestaban. Sea como fuere, cuando estalló la burbuja inmobiliaria en EE.UU. los bancos se asustaron y dejaron de prestarse dinero alegremente, lo que provocó una subida inmediata de los tipos de interés. Si tú te fías de mí, me prestas el dinero a cambio de poco o nada, pero si no te fías, me pides todo tipo de garantías y encima me cobras los intereses que te plazcan.
Así, como los bancos no se prestaban o se prestaban a mucho interés, los mismos bancos empezaron a estrangular a sus hipotecados y a no conceder nuevas hipotecas, con lo que aunque en España la burbuja no estalló, las familias vieron que las hipotecas de 600 euros al mes pasaban a ser de 800, 900, 1000… Y claro, a más pagos de hipotecas, menos ropa, comida, cenas, fiestas… Y encima no podían vender porque no había compradores a esos precios, ya que los bancos no prestaban, y si bajaban los precios de su casa, se encontraban con que seguirían debiendo dinero al banco.
Pero no solo a los hipotecados o a los futuros compradores les empezaron a estrangular los bancos, también a las inmobiliarias, que de la noche a la mañana vieron como ni sus clientes tenían dinero para comprarles lo ya edificado ni a ellos les adelantaban el dinero para pagar los materiales con los que terminar las obras ya iniciadas.
De esta manera, aunque en España no se han derrumbado los precios, la construcción sí se ha ido a pique, ya que ni pueden vender, ni pueden construir, ni nada. Y siendo la construcción el motor económico nacional de los últimos años, la caída de este sector, que podría y de hecho es, poco más que simbólica en Italia o Alemania, en España, donde durante años se ha construido más que en Francia, Alemania y el Reino Unido juntas, ha sido y es catastrófico.
La crisis económica global
Pero no solo a los compradores y constructores de casas no prestan ya dinero los bancos. Ahora ya no le prestan a nadie. De esta manera el consumo se derrumba en todos los sectores. Y si baja el consumo, la producción, naturalmente, se resiente por todos sus flancos. Y esto es lo que le está pasando al sector de la automoción, por ejemplo.
Si a alguien no le prestan dinero, compra poco, empezando por un coche o unas vacaciones. Y así España ve como sus otros dos puntales económicos, la automoción y el turismo, ya el protagonizado por los turistas extranjeros como por nuestro propio consumo interno se derrumban. Y más despidos que añadir a la cesta.
De esta manera, todas las empresas que dependían de la construcción, el turismo y la automoción, se tienen que atar los machos y comenzar a reducir producción, lo que implica reducir personal. Eso sin contar los “ajustes” llevados a cabo por diversas empresas aprovechando eso de que el Pisuerga pasa por Valladolid. Paro, paro y más paro.
Y aún no he terminado

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