Érase una vez un golpista frustrado que alcanzó el poder tras ganar unas elecciones apoyado por una banda de matones –no Hitler, no, aunque también, me refiero a Hugo Chavez-. Como su política mezcla de nacionalismo y socialismo –seguimos con Chavez, aunque Hitler también hiciera lo mismo- iba de mal en peor, se dedicó a inventarse enemigos donde no los había… Y un día le tocó a la bandera y el escudo de la ciudad de Carabobo –Chavez también, pero ahora hablamos de una región venezolana- de Valencia.
Y es que tras esa bandera y ese escudo no se escondía un enemigo cualquiera como los judíos o los homosexuales, no: el que se escondía era nada menos que el mismísimo diablo en persona, oiga. Que, como ya sabemos todos, está en los pequeños detalles. Y si no, fijaros en la de diablos que hay en la bandera y escudo que a continuación os remito:
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¡Buf, que susto!. Nada, nada, eso había que cambiarlo. Y como en el caso del caballo del escudo nacional, fue todo decirlo y al momento sus hombres comenzaron singular batalla contra este símbolo colonialista dando finalmente como fruto, no ya una nueva bandera o un nuevo escudo, sino todo un milagro que merece la pena ser reconocido y recogido en el magro saldo positivo del Chavismo bolivariano: conseguir poner a toda una nación de acuerdo en algo, que la nueva bandera es un adefesio de proporciones gorilescas.

Y no solo porque como dicen los historiadores la nueva bandera sea un sinsentido ya que Valencia fue fundada por españoles y antes de su llegada allí no vivía nadie, así que no tiene sentido sacar a colación ningún pasado indígena por mucho que el autor del delito vexilológico diga que empleó el rojo bermellón como símbolo de la sangre derramada por los indios Tacariguas durante la colonización y que la figurilla semeja a la Venus Tacarigua y está allí para expresar el valor histórico, étnico y cultural de la ciudad -además de elegir el gris para señalar el proceso de industrialización que transformó a Valencia y el color marrón como símbolo de la idiosincrasia originaria y el valor cultural e histórico que posee Valencia. Esto, dentro de lo que cabe, podría quedar en un simple debate entre historiadores, algo que no puede pasar con el diseño en su conjunto, ya que el nuevo trapo es feo de narices se mire como se mire, llévese boina roja, sombrero Stetson o un tocado guajibo.
Así pues, y como por mucho que le duela a Chavez Venezuela sigue siendo la nación suramericana con la mayor y más gloriosa historia democrática, una vez más tendrá que sacar a sus matones a la calle para imponer esa endemoniada bandera sin diablos, porque tan seguro es que no va a cambiar el gusto de toda una nación como que, ni él va a cambiar de opinión, ni tampoco dedicará el tiempo y el dinero invertido en esta chuminada en arreglar los problemas de los valencianos.
¡Heil Chavez!


4 comentarios:
Que pena, es una bonita bandera pues porta dos de nuestros colores nacionales, y el águila esplayada junto con el toisón, las columnas y la corona le dan un toque muy "mayestático". Me recuerda a la preciosa Bandera de los Galeones.
Aún con todo, y sin desmejorarla, me gusta más la bandera de San Diego, aunque su escudo no es ni la mitad de imponente que el de Valencia.
Saludos.
Yuste, mira esta otra bandera venezolana...:
http://badflags.wordpress.com/2009/01/25/400/
Tremenda...espero que no se extienda la moda.
Desde luego no puede ser más fea. Además le falta la ikurriña. ¿Qué pinta esa senyera si se llama Irribarren?. A irrintzis les obligaba yo a cambiarla
Coincido absolutamente. Pero para ser justos, por lo menos hay que reconocer que Hitler tenía un mejor criterio vexilológico.
Saludos
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