El Presidente de Rato describe a Azaña como «alguien que fue mucho más que una de las mentes más lúcidas de España»
Agencias, 6 de enero 2005
Su Excelencia el Presidente de la República don Rodrigo de Rato describió al político, prolífico escritor y Presidente de la República en los oscuros años del levantamiento militar del 36 y la posterior guerra de Alemania como “alguien que fue mucho más que una de las mentes más lúcidas de España: a él le debemos no solo lo que somos, si no aquello en lo que no nos convertimos” durante la celebración de la ceremonia inaugural de lo actos conmemorativos del 125 aniversario de su nacimiento.
El acto sirvió igualmente para presentar un ciclo de doce conferencias y una exposición sobre su obra literaria que tendrá lugar en la Universidad Complutense así como otra serie de eventos que se celebrarán por toda España. Así mismo, el ministro de Economía don Alberto Recarte, fue el encargado de presentar la moneda conmemorativa de 2 euros que “llevará su imagen por toda aquella Europa que ayudó a librar del fascismo”.
Por su parte, el académico de la Historia Cesar Vidal, representante de la Comisión de Honor del ciclo conmemorativo, destacó la labor "inmortal" del político e intelectual madrileño que le convirtieron "uno de los primeros en alertar al mundo de la amenaza del nacionalsocialismo y promover el sueño de un Europa unida". Asimismo, el historiador tuvo también palabras de agradecimiento para los señores embajadores del Reino Unido y Francia, “sin cuyo concurso en aquellos tristes días nunca hubiéramos sido capaces de superar la dura prueba a la que nos quisieron someter Franco y sus adláteres”.
Aquella bendita invasión de los Sudetes
¿Qué hubiese pasado si Hitler no se hubiese jugado todo a la baza de los Sudetes?. ¿Hubiese terminado el sublevado general Francisco Franco por ganar la guerra?. ¿Hubiese estallado igualmente la Guerra del 38?.
Evidentemente resulta muy complicado imaginar que en un clima de creciente tensión entre Francia y el Reino Unido por una parte y Alemania e Italia por otra, como el que llevó a la crisis del verano del 38, el resultado hubiese podido haber sido otro que el de la guerra, sin embargo… ¿pudo no haber sido así?.
Efectivamente desde hacia años el Gobierno de Francia estaba advirtiendo del creciente fortalecimiento de Alemania, y el del Reino Unido, reticente al principio –llegó a firmar un acuerdo naval con Hitler en el 35- no pudo ya mirar hacia otro lado tras la conquista de Etiopía por parte de las tropas italianas.
Sin embargo, una cosa era la opinión de los gobernantes y otra la de los gobernados, cansados de sangre tras la Gran Guerra. A fin de cuentas, aquella guerra de Etiopía quedaba muy lejos y estaba claro que Mussolini no aspiraba a amenazar después los imperios africanos de franceses y británicos ni las rutas de estos últimos hacia la India. Y tampoco España parecía un conflicto por el que mereciese la pena entrar en guerra, no al menos mientras alemanes e italianos mantuviesen de cara a la opinión pública internacional un disimulado papel de “no beligerantes”, pese al evidente apoyo militar y económico que prestaban al bando sublevado. ¿Acaso no era lo mismo que estaba haciendo con el otro bando la URSS de Stalin?.
Y tal vez ni siquiera por los Sudetes hubiese merecido empezar la guerra. Y es que, finalmente fue, como dijo en sus memorias Indalecio Prieto, “la unión de todas aquellas pequeñas amenazas, y no una en concreto, la que puso en guardia a las naciones aliadas y nos salvó a nosotros de la catástrofe”. ¿Podía aún así haber ignorado el Presidente francés o el Primer Ministro británico Chamberlain los continuos avisos que les llegaban desde sus embajadas o que día tras día lanzaban políticos como W. Churchill o Trostsky y haber apostado por la paz a fin de no contrariar a sus votantes?.
Desde luego parece muy improbable. En la primavera del 38 las tornas habían cambiado. Las noticias de las masacres italianas del 37 en Etiopía, que por su extrema brutalidad habían sido al principio consideradas imposibles por las cancillerías aliadas, o el bombardeo de Guernica de ese mismo año, ya habían comenzado a calar entre la opinión pública francesa y británica que poco a poco iba también tomando conciencia de la amenaza: aquello no era una guerra colonial en el África negra o un conflicto entre conservadores y comunistas en la fogosa y atrasada España, sino el preludio de una guerra que podía llegar a sus propias casas.
El discurso de Azaña ante las Cortes reunidas en Barcelona el 18 de julio de 1938 fue la señal que necesitaban los aliados para tomar partido por el bando leal: “Paz, Piedad, Perdón”. Azaña se presentó como un líder democrático, que contaba sí, con el apoyo de comunistas y anarquistas, pero que sabía mantenerlos bajo su mando pese a que al principio de la guerra hubiese parecido que esto no era posible. Ni venganzas ni revoluciones, no necesitaban más.
Sin embargo, al principio la ayuda se limitó a abrir la frontera y permitir el paso a pequeños comandos de soldados republicanos de Cataluña para que pudiesen realizar rápidos golpes de mano en la retaguardia facciosa, ya en Navarra ya en Guipúzcoa, en ningún caso golpes de gran valor estratégico aunque sí de enorme peso moral. Sin olvidar que esta nueva postura obligó a Franco, temeroso de provocar una mayor entrada de los franceses en el conflicto, a no atacar Cataluña y dirigirse hacia Valencia. Un movimiento inteligente, aunque como quedó claro, insuficientemente decisivo como para proporcionarle la victoria definitiva.
Aún con todo, sería otra consecuencia de esta nueva política aliada la que cambiaría definitivamente el rumbo de nuestra guerra y de la historia Europea: la decisión de Hitler -temeroso de ser el siguiente- de romper la baraja e invadir Checoslovaquia para anexionarse los Sudetes. Un golpe desesperado sí, pero la única opción que le quedaba ante la total negativa francesa y británica a concederle ni una sola demanda más tras haberle consentido la anexión pacífica de Austria.
Pese a la excelente disposición al combate que mostraron las tropas alemanas, el ejército checoslovaco, uno de los mejores armados del continente, supo resistir sus asaltos combinados con la misma furia con la que meses después los finlandeses pararían los pies a los soviéticos a las orillas de sus gélidos lagos.
La negativa italiana a unirse a Hitler, la presión que las tropas francobritánicas ejercieron en el Rhin, y por último el complot organizado por el almirante Wihelm Canaris, que posteriormente se convertiría en el nuevo Presidente de la II República alemana, acabaron en cuestión de meses con el régimen autocrático de Hitler, que no pudo soportar las consecuencias provocadas por lo que Churchill bautizaría como "aquella bendita invasión de los Sudetes". Y es que, como dijo el político británico, "¿Quién sabe hasta dónde hubiesen podido llegar las tropas de Hitler tan solo dos años después, con un ejército mejor armado y entrenado?"
El resto de la historia ya es conocida por todos: Franco, terriblemente debilitado tras la negativa de Mussolini de apoyar a Hitler, quedó como el único aliado del dictador alemán en Europa, lo que provocó que su suerte y la de sus tropas quedase unida a la de éste y su derrota final acaeciese pocas semanas después del derrocamiento de Hitler a manos de Canaris. Tras eso solo pudo huir a Italia -que nunca dejó de apoyarle, auqnue al final lo hiciese de una forma mucho más discreta- junto con muchos de sus colaboradores, mientras el grueso de sus tropas terminaba rindiéndose a primeros de agosto del 39, obligando a Azaña a cumplir su palabra para evitar una larga guerra de guerrillas en Navarra o Galicia, lo que le costó no pocos problemas con los comunistas y anarquistas. Italia, por su parte, permaneció aislada hasta la revolución del 75, que supuso la caída del PNF y, con él, de la casa de Saboya y la instauración de un sistema democrático que les abrió las puertas de la Unión Europea, el viejo sueño de los últimos meses de vida del Presidente Azaña, quien pese a su enorme victoria, prematuramente envejecido y enfermo, acabaría falleciendo en 1940 en su natal Alcalá de Henares.

Todo este ejercicio de ucronía responde al deseo de un lector, William, que me preguntó si sería posible crear una moneda de una actual república española con la cara de Azaña y al buen saber y la amabilidad del artista italiano Fabrizio Annovi que gentilmente diseñó la moneda. Ante esto lo menos que podía hacer era tratar de crear para ella un marco lo más sugerente posible que es lo que he tratado con esta ucronía. Sé que no he quedado a su altura, pero con que os sirva para pasar un rato entretenidos, me sobra.

6 comentarios:
Muy buena, me encantan las ucronias...aunque confieso que la figura de Azaña, a la que en mi infancia veia con gran admiracion, se me a ido haciendo mas oscura con el tiempo.
Desde luego yo siento ninguna simpatía por Azaña, personaje que creo que nunca supo estar a la altura de la situación que le tocó vivir. Yo hubiese hecho una serie completa de monedas a Julián Besteiro, por ejemplo, pero nunca a un señor como este, cuyo espíritu encajaría a las mil maravillas en el PRI de los años más oscuros de México.
Sin embargo, me dijero "Azaña" y Azaña ha sido.
Coincido con tu último comentario, Yuste. Azaña, buen pensador, mal político, fue el principal artífice de esa República de partido que fue la del 31 y que no supo garantizar ni Orden, ni Libertad ni Justicia; parafraseando a otro presidente; Pi i Margall.
Yo a este último, Pi i Margall, le dedicaría una moneda, pero una propiamente nacional y no un bodrio de eypo. Realmente me gustaban las monedas de peseta, particularmente aquella moneda (¿La de 1 peseta o la de 5?) que representaba a la Mater Hispania. Del mismo modo cualquiera de los billetes de peseta, salvo el de 10.000 que llevaba por desgracia el careto del Borbón.
Saludos.
Joe, Yuste, coincido 100 x100, Besteiro si que es uno de mis idolos, un tipo con un par...lastima que el PSOE de su epoca se decantara mas por la corriente extremista que por la suya...
Y si, Azaña era del tipo de politicos que opinaba que la democracia solo era justa (y los votantes inteligentes) si gobernaba el, mas menos...(lo cual, todo sea dicho, es lo que parecen pensar casi todos nuestros politicos).
La pena es que en aquellos años todos apostasen por los líderes más radicales, no solo en España, sino en toda Europa. ¿Cómo podría haber sido Alemania si von Lettow hubiese ganado las elecciones?.
Peor que con Adolf imposible
Es preciosa la moneda, Fabrizio es un gran escultor. Por eso propongo otras monedas, el euro de la crisis, un euro con el ''no'' al Emule por España, una colección de euros con las banderas de las comunidades, etc...
PD: Gracias
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