Finalmente, y tras nueve años de aplazamientos y recursos, el Tribunal Internacional de La Haya ha dado la razón al gobierno de la Federación Rusa, exonerándole del pago de todos los costes que la normativa DNL/95 causó a la Unión Europea y EE.UU. y que, según sus abogados, ascendían a más de dos mil millones de euros.
Más allá de la tierra
Para comprender la importancia histórica de esta sentencia, habremos de situarnos en 1995 cuando, tras la caída del Muro de Berlín y la disolución de la U.R.S.S., el nuevo gobierno de la Federación Rusa decidió cambiar el nombre que las autoridades del recién finado régimen habían dado a varias ciudades, accidentes geográficos y obras públicas de la época soviética, como ya habían hecho, por ejemplo, con el conocido caso de Leningrado, que tras casi ocho décadas, acababa de retomar su antiguo nombre de San Petesburgo.
Sin embargo, la nomenclatura soviética no había quedado fijada únicamente en lugares terrestres. También en la luna eran infinidad los mares, cráteres y montes que habían sido bautizados con nombres recomendados por el partido comunista de la U.R.S.S. Efectivamente, gracias a la ventaja que habían tomado en la carrera espacial a principios de los años 50, en el año 1959 los soviéticos fueron los primeros en poder fotografiar, y por tanto cartografiar, la superficie de la cara oculta de la luna, hasta ese momento completamente desconocida para los habitantes de nuestro planeta.
Así, mientras la cara visible desde la tierra ya contaba con mapas bastante detallados desde los siglos XVIII y XIX, a los cartógrafos soviéticos se les abrió todo un horizonte virgen en el que poder desarrollar su imaginación e inventiva, sabedores de que el programa espacial norteamericano aún estaba aún muy lejos de poder siquiera llegar a tomar alguna instantánea de la cara oculta de la luna. De esta manera, una superficie del doble del tamaño de la República Popular China quedó cuajada en cuestión de un par de años de todo tipo de nombres de indudable inspiración soviética. Nombres que, en justicia, fueron rápidamente aceptados por el resto de naciones ya que resultaba evidente que ellos habían sido los auténticos descubridores de toda aquella extensa área de la superficie lunar.
Por tanto, a partir de la XXI Conferencia del Instituto Internacional de Selenografía celebrado en Estocolmo en abril de 1963 podemos hablar ya de una completa normalización de los nombres dados por los soviéticos a los lugares más singulares de la cara oculta de la luna. Desde entonces, nombres como “Monte Lenin”, “Mar de KOMSOMOL”, “Lago Zhukov” o “Cráter Acorazado Aurora” comenzaron a ser estudiados en los institutos selenográficos de todo el mundo, para mayor escarnio de los norteamericanos, que solo se podrían quitar la espina un lustro después cuando fueran ellos los primeros en pisar la superficie lunar.
Mientras tanto en España...
A este respecto cabe destacar la curiosa postura que en España tomó el régimen del General Franco, que si bien sí firmó el acta de la XXI Conferencia que sancionaba esta
nueva nomenclatura, prohibió tajantemente la edición en España de ningún plano selenográfico de la cara oculta, salvo que los nombres dados por los soviéticos no fuesen incluidos. Decisión en la que sin duda debió pesar sobre manera el hecho de que estos hubiesen decidido denominar a un cráter con el nombre de “Pasionaria” y a otro con el nombre de “Mariscal Lister”.
Así pues, no fue hasta la cercana fecha de 1985 que se editó en España el primer mapa con nombres de la cara oculta de la luna, aunque, como afirmó en una reciente entrevista el conocido selenógrafo Rubén Armada, “para ese entonces las cosas habían cambiado de una manera tan radical en nuestro país que de nuevo rozamos el ridículo”. Y es que, de golpe y porrazo, pasamos del único mapa lunar sin nombres al primer mapa lunar bilingüe.
En 1984 el Estado encargó a la empresa cartográfica Puig i Calafrutell el diseño e impresión de cinco mil ejemplares del primer mapa con nombres de la superficie oculta de la luna hecho en España. Sin embargo, cuando la Delegación de Cultura y Normalización de la Generalidad de Cataluña se enteró, entró en conversaciones con la susodicha empresa para que realizase el mapa en bilingüe.
A Ernest Puig y Calafrutell no le parecía mal la idea, sobre todo por el pellizco económico extra que le prometieron las autoridades regionales catalanas, aunque no sabía como se las iba a arreglar para traducir al catalán los nombres personales soviéticos, pues ni siquiera se había imaginado que habría de traducirlos al castellano, puesto que nada al respecto le habían dicho, aunque efectivamente la cosa parecía lógica ya que sabía que a nuestro Stajanov, el padre del stajanovismo y Héroe del Trabajo Soviético, en Rusia siempre se le ha conocido como Stakhanov.
Sin embargo, allí donde no llega la sensatez pasa de largo la astucia, y ni corto ni perezoso en cuestión de tres semanas compuso una nueva nomenclatura castellanosoviética y otra catalanosoviética que no dudó en plasmar acto seguido en su mapa para mayor gloria de los nombres dados en la URSS.
Así, cuando los primeros afortunados estudiosos recibieron de manos del CSIC sus ejemplares del novedoso mapa en castellano –y catalán- de la cara oculta de la luna, se toparon para su sorpresa con nombres como “Pico Lenin – Pic del Lení”, “Monte del Sindicato Agrícola Soviético – Mont del Sindicat de Payessos Sovietiques” o el aún celebrado en todas las juergas en las que coinciden dos estudiosos del tema: “Lago Pedro Perezov – Lac del Pere Carodov”, que aún nadie se ha atrevido a localizar con seguridad aunque más de uno apueste que es el “Lago Piotr Petrov”.
La chufla marinera llegó a tal extremo que el gobierno decidió solicitar a la misma empresa –para evitar un juicio por discriminación lingüística- una nueva edición de los mapas aunque en esta ocasión con los nombres soviéticos lisa y llanamente transcritos del cirílico, lo que provocó que al cráter “Pasionaria” se le pasase a llamar –únicamente en España- cráter “Strastotsbet”, solución que a Franco le hubiese venido de perlas si le hubiese ocurrido y que nos hubiese evitado más de veinte años de retraso en selenografía.
Y Yeltsin cogió su fusil
Aún así, y para gran sorpresa de nuestros políticos, pese a ellos la historia siguió su curso natural, y con ella llegamos al momento en el que Boris Yeltsin coge con pulso sereno y lúcida mirada los mandos de la nueva Rusia.
Aunque Boris Yeltsin había ingresado en el Partido Comunista en los años 60, nunca olvidó que a su padre le habían caído tres años de condena en un GULAG por actividades antisoviéticas, por lo que, derribado el sistema soviético y sofocado el posterior golpe de Estado, cuando separó a la Federación Rusa de la U.R.S.S. tardó poco en tomarse venganza por la condena de su progenitor en los nombres dados por aquellas mismas autoridades que le habían privado de su libertad.
Centenares de Leninsks, Leningrados, Lenins, Soviets, Proletariars y demás suerte de etcéteras bolcheviques pasaron a recuperar sus nombres prerrevolucionarios, cuando no recibían otros más acordes a los nuevos tiempos, como pasó con la Baikonur de la que partieron las naves lunares soviéticas, que todo el mundo llamaba Baikonur, pero que realmente se llamó Leninsk hasta 1995.
Evidentemente al mandatario ruso no se le pasó por alto que también en la luna eran una miríada los nombres de carácter soviético que señoreaban por su superficie, así que en enero de 1995 reunió a un consejo de sabios – al que bautizaron como “Directorio de Nomenclatura Lunar”- y les ordenó cambiar todos aquellos nombres que “no combinen con la nueva sed rusa de democracia y justicia”.
Tres meses después salía a la luz la normativa DNL/95, que sentaría la base del protocolo a seguir a la hora de cambiar los nombres de los accidentes lunares. Así, serían respetados los nombres de científicos y cosmonautas –salvo el del astrónomo Alexandr Primishkin, un agente “provocateur” del KGB que había llenado él solito un barracón en el GULAG M125 de la isla de Novigelatokovs- y los que rememorasen lugares de Rusia, como el Mar “Moscoviense”.
Sin embargo, todos los nombres de carácter soviético fueron borrados de un plumazo, buscándose para ellos en el mejor de los casos algún otro nombre que fuese ligeramente parecido, como sucedió con el cráter “Castro”, que pasó a llamarse “El cráter de la vieja momia barbuda”, o el lago de “la Solidaridad” que se comenzó a denominar “del Estado de las Autonomías”.
El grito en el cielo
Sin embargo esta normativa implicaba también en el resto del mundo cambiar de golpe todas las ediciones de planos selenográficos editados hasta la fecha, alguno de los cuales, al ser realizados en relieve, a gran escala y con materiales muy costosos, estaban valorados en varios miles de euros. Algo que el ministerio de Asuntos Exteriores ruso lamentó mucho pero que, como explicaron, respondía a una necesidad nacional.
Sin embargo a los gobiernos de Europa y los EE.UU., los principales compradores de estos mapas, el coste que supuso el cambio, y que, como ya hemos dicho, está valorado en cerca de dos mil millones de euros, estas razones no les convencieron, y por esta razón llevaron al gobierno de la Federación Rusa ante el tribunal de La Haya, el cuál, con su reciente sentencia, da por cerrado este singular caso a favor de los intereses de la nación rusa, lo cuál, tanto a éste que está redactando el artículo como a su esposa amadísima les parece de lo más normal.

5 comentarios:
yuste, se ha fajado con este articulo, asi sea de ficcion (lo de la momia barbuda no me cuadra, el resto es perfectamente verosimil). encarna perfectamente el espiritu de este blog. los necios humanos y la necia historia. si algun dia publica una antologia, esta historia debe ser de las primeras. todavia sigo pensando en aquello del comite de "nomenklatura lunar".
jajajaja
pd: deberia publicarlo
Muchas gracias amigo.
Sí, es completamente ficticio, al menos eso creo porque tampoco sería tan raro que los soviéticos hubiesen dado una serie de nombres comunistas que luego los rusos los hubiesen cambiado, ni que España se hubiesen hecho tonterías de ese calibre ya que peores las hemos vivido, pero vamos, que yo sepa, es fruto de mi imaginación.
De todas maneras, te agradezco lo de que lo publique, pero a mí no me publican nada, nunca, jamás, jajaja. Suelo bromear que el día que me muera no van a publicar ni mi esquela.
Jajaja,....Está muy bien!!! Le quitas los elementos más esperpénticos y te queda un relato ucrónico, pero creíble. Hasta que lo adornaste demasiado con tu ingeniosa mala baba me lo estaba creyendo de pleno. Un abrazo, mi buen Yuste!!!
Yuste, metes todos tus articulos en un PDF, lo adornas un poco, y voila¡
Ya tenemos una coleccion de Relatos Yusteriles :-P
(Fuera de bromas, yo he pensado en hacer lo mismo con los que voy escribiendo, mas que nada para que no se me pierdan).
Y si, casi casi completamente creible...
Realmente excelente. Me he divertido muchísimo. Admirable imaginación y capacidad descriptiva. Lo felicito calurosamente, y voy a promocionar este espacio en mi propio blog (no será lo mismo que publicar, pero un poco de difusión siempre viene bien, sobre todo cuando es tan merecida; algo es algo).
Mis más cordiales saludos.
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