La historia no siempre se repite, es cierto. Es más, ni siquiera cuando se repite lo hace de una forma milimétricamente exacta. Y sin embargo, uno de los consejos más sabios que se pueden dar a un gobernante es que estudie el pasado y saque sus conclusiones para no caer en los errores de sus predecesores. No siempre funciona, pero ayuda, que no es poco.Por esto mismo, comparar al régimen teocrático iraní con el régimen racista hitleriano, cuando menos puede parecernos una exageración, e incluso a muchos un dislate, pero aún conservando muchas diferencias entre ambas dictaduras totalitarias, sí hay algunos aspectos similares que conviene no dejar pasar por alto.
Uno de ellos, el más importante, sin duda, es el total desprecio hacia los derechos civiles de sus propios nacionales. Irán tortura a mansalva y ocupa un puesto de “honor” en lo que a ejecuciones anuales se refiere, más si tenemos en cuenta que no tiene la población del campeón indiscutible de esta negra competencia: la China (Popular).
Partiendo de esto, toda amenaza a quienes ni siquiera son compatriotas de los gerifaltes iraníes no puede ser tomada a la ligera. Y la amenaza de estos existe y no es ninguna broma: destruir completamente el Estado de Israel. La total aniquilación de un grupo de seres humanos por no ser “iguales” a ellos: otro punto de coincidencia con Hitler y sus secuaces. Amenaza avalada además por la más que segura tenencia de armas nucleares.
Así pues, los análisis que queramos hacer de este formidable enemigo debemos hacerlos partiendo de esta base: se trata de un enemigo, una nación dirigida por una serie de mentes criminales que maltratan a sus ciudadanos y están dispuestas -y cuentan además con los medios necesarios para ello- a borrar de la faz de la tierra a toda la población de una nación soberana. De momento, “solo” la de Israel.
Luego sí, luego ya podemos esquivar ese árbol y contemplar el bosque en su conjunto. Luego ya sí podremos incidir en el probado hecho de que en Afganistán, iraníes y occidentales compartimos muchos enemigos comunes. Uno de ellos, sin duda, Al Qaeda y su versión local, los “talibanes”, quienes durante su reinado de terror laminaron a sangre y fuego a la minoría chiíta afgana, aliada natural de los iraníes. Y otro de los principales, los traficantes de drogas, las derivadas del opio sobre todo, que se cultiva de forma casi industrial en Afganistán, para luego invadir también el territorio iraní, en cuyas fronteras se han producido no pocos choques entre el ejército de los ayatolás y los grandes narcotraficantes afganos.
Pero todo eso siempre tiene que ir en un segundo lugar. Y ni por esa comunión de intereses se puede consentir darles un papel más significativo del que la Comunidad Internacional les tiene reservado, que no es otro que el de parias en el mundo. El único apoyo destinado a Irán debe ir dirigido a la oposición interna para que de una forma u otra se libren de una vez del yugo de los asesinos que les oprimen. Por muy cordiales que sean a los ojos de Hillary Clinton, la misma, por cierto, que en las pasadas primarias de su partido decía aquello de “Quiero que los iraníes sepan que si yo soy presidenta, atacaremos a Irán (si éste ataca a Israel)”.
Y es que no podemos olvidar que Hitler también era muy cordial con los franceses e ingleses en los años treinta. Lo fue, sin ir más lejos, y a raudales, en Munich. Y motivos no faltaban para creerle: él, un veterano de guerra, sabía lo que eran los gases, y la muerte de los amigos, y además odiaba a los comunistas. ¿Cómo él iba a arrojar la primera piedra contra Occidente?. Bueno, pues la arrojó. Y a poco descalabra a todas las democracias de un solo y certero golpe. Hasta el punto de que si éstas no hubiesen pactado con el diabólico Stalin la historia bien podría haber otra mucho peor. Y tampoco olvidemos que eso les costó a los europeos orientales setenta años de nazis y comunistas de seguido y sin descaso.
No lo olvidemos: la historia no siempre se repite, pero por regla general, cuando algo se empieza de mala manera y se prosigue aún con menos acierto, suele acabar siempre en un sonoro fracaso.

2 comentarios:
No te preocupes. Con nuestra exitosa Alianza de Civilizaciones creo que está todo controlado...:-P
saludos
ESO precisamente es lo que más me preocupa. Me das más miedo la tontocracia que la teocracia
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