Atención, éste seguramente sea mi último comentario en este blog.
De hecho el último y póstumo comentario que os escriba en cualquier sitio o soporte. Dentro de 19 horas cenaré unos "chiles con carne" que me esperan desde hace horas macerándose en mi cocina. Así pues, una de dos, o este artículo contiene una deliciosa receta o lo que lleva escrita en él es la causa y razón principal de mi futura y prematura muerte.
Le he llamado "Receta de chiles con carne hechos en España" por dos razones muy sencillas: primera, porque es una receta de chiles con carne, segunda, porque está hecha en España y tercera -al final son tres- porque los ingredientes empleados son los que podemos comprar en España, lo que nos facilita mucho la labor a los españoles, ya que he sustituído algunos condimentos típicamente Tex-Mexicanos dificilísimos de encontrar por alimentos españoles más sencillos de adquirir para los que vivímos a este lado del Atlántico.
Allá vamos:
LA CARNE
Cortamos en taquitos pequeños una tajada gruesa de carne roja -vacuno, toruno, lo que más rabia os de- y la dejamos en un cuenco -o, si sois muy pijos, en un cuenquito- a la espera del "baño radioactivo".
Preparamos un adobo para esa confiada carne procediendo de la siquiente manera: en un mortero metemos dos o tres chiles chiplotes adobados -de venta en supermercados, por ejemplo, marca "La costeña"-, para saber lo que pican los pinchamos con el tenedor y luego lamemos el tenedor. Sí, eso pican. Bueno, pues dos o tres y si os da miedo, os metéis a cocinar sopas. Junto a los chiles añadimos ajo picado -dos o tres dientes-, sal al gusto, pimienta negra al gusto, comino, pimentón, orégano -al gusto, al gusto y al gusto- y luego especías a vuestra discrección y fantasía. Vertemos un poco de agua y machacamos, machacamos, machacamos... así hasta que se hace una pasta que será la protagonista de nuestro "baño radioactivo"
Mezclamos el adobo que acabamos de hacer con la carne en taquitos que previamente habíamos dejado en un cuenquito y la dejamos macerar durante mucho rato. Media hora como poco.
No se vayan todavía, aún hay más...
LA NO-CARNE
Por "no-carne" entiendo lo que viene a continuación:
En un puchero vertemos un generoso chorro de aceite de oliva virgen, lo ponemos a fuego lento y vamos añadiendo para que se doren pacientemente: tacos de cebolla no muy grandes, pimientas de cayena sin semillas -las que queráis, se trata de que pique-, "alegrías riojanas" -que son unos pimientos rojos en latas pequeñas de dos unidades que pican que da gusto-, pimientos de padrón sin pepitas y cortados en trocitos diminutos... oyes, y si se os ocurre alguna cosa más, pues también, qué se yo, si os sobra un pimiento rojo, pues a dentro. Un plátano como que no.
Paralelamente -en el espacio tiempo- en una sartén ponemos a dorar unos tacos de tocino, y una vez dorados los metemos en el puchero también.
EL TODO
Una vez tenemos en el puchero dorándose el sofrito antedicho con la panceta, subimos el fuego de la sartén hasta que queme solo de mirarla y en ese momento echamos la carne adobada.
Se trata de que esté poco tiempo, de que no se queme el adobo, pero de que sí se hagan por fuera los taquitos. Si hacemos esto así "cerraremos" los taquitos de carne que seguirán crudos y jugosos por dentro y no quedaran correosos por mucho que estén luego borboteando alegremente en el puchero.
Cuando consideremos que ya están bien hechos por fuera, los añadimos al puchero y observamos lo que llevamos hecho:
En un puchero tenemos una carne adobada rodeada de verduritas y tocino sofriéndose a fuego lento. Vale, vamos bien.
Ahora queda el último paso: añadirle alubias rojas con su líquido -una lata o dos- y tomates machacados -preferiblemente pelados para que luego no os queden hilillos de piel, para pelarlos podéis usar un cuchillo o meterlos con un corte en cruz en su base en agua hirviendo unos minutos, ya veréis como la piel se rompe y se quita con facilidad-. Sobre los tomates yo os recomiendo que les quitéis las pepitas -no alimentan gran cosa y no me gusta verlas por el plato- y que los paséis por la batidora para ahorraros el machacado antedicho.
Vertéis también un poco de tomate frito -es peor que los tomates naturales pero da color- y una cerveza negra.
Ahora os tiene que quedar un puchero colmado con la carne y las verduras bajo unos cuantos dedos de líquido. De eso se trata: lo dejáis a fuego lento hasta que el líquido se evapore y el conjunto os quede cubierto de un caldo espeso y cremoso csi como un puré.
CUANTO MÁS, MEJOR
El picante, cuanto más tiempo está, más sazona, así pues, si en lugar de comeros el plato hoy lo dejáis en el puchero hasta el día siguiente y entonces lo caléntáis y os lo coméis sabrá mucho mejor.
De hecho, la buena comida es la que sabe mejor después de dos calentados: la fabada, mejor, la hamburguesa, peor, la paella, mejor, la pizza, peor, el potaje, mejor, los perritos calientes, peor...
ACOMPAÑAMIENTO
Y hala, a disfrutarlo. Cuidado que picará ya que lleva: los chiles adobados, las alegrías riojanas, los pimientos de padrón y la pimienta de cayena. A alguno la pimienta negra, el ajo o el pimentón les pueden resultar fuertes o picantes, pero creedme, en este plato os sabrán como un delicioso vaso de agua en comparación.
Una cosa más: no seáis tontos, el picante es para disfrutarlo no para sufrirlo, poned de guarnición tacos de queso, nachos, guacamole, alimentos que no piquen y que sean pastosos -vale, los nachos no son pastosos pero están ricos-, así jugaréis con el contrate de picante y suave.
Y dejad cerca grandes cantidades de líquido, a poder ser cervecil
texto secundario

1 comentarios:
Estaba riquñisimo. Picaba, claro, pero tampoco una cosa mala. Tenía un picor agradable, no como el del tabasco que hace que todo sepa a tabasco y pique poco, sino respetando el sabor de la salsa, la carne y las alubias pero picando mucho.
Me he superado, estoy muy contento conmigo mismo.
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