La situación económica en España II: del caos a la supervivencia


España, sol y toros.
Aún con todo lo dicho hasta ahora, podríamos aún estar hablando de un “reajuste” laboral, de un paso de una economía basada en el ladrillo a otra basada en, qué se yo, la fabada asturiana. Una crisis es mejor que una depresión, pero nadie ha dicho que sea agradable.
Pero no, al menos para España no. Y es que, los países al final son como las familias. Las familias que ahorran y tienen una economía familiar sensata lo pasan mal en las crisis, pero mejor que peor capean el temporal si dura poco. O al menos resisten más tiempo. Y resistir es vencer. Pero España no ha sido una familia ahorradora sino una familia de manicomio de guardia.
En los últimos años nuestro PIB ha sobrevivido gracias a la construcción, pero para que esta creciese las familias se han tenido que endeudar hasta las cejas. También el consumo interno ha crecido, sí, pero a costa de la entrada de inmigrantes, que han hecho pasar a nuestro país de una situación de estancamiento en torno a los 40 millones de habitantes a rozar los 50 en menos de una década.
Mientras tanto, España ha perdido y encima de forma vertiginosa, su cuota de mercado exterior. Cada vez vendemos menos –y encima mucho de lo que vendemos son coches- y compramos más y más –energía entre otras cosas. Y encima basando toda nuestra producción en una mano de obra carísima comparada con el tercer mundo pero barata a más no poder comparada con los precios que hay en nuestro país. Más de la mitad somos mileuristas, que de puro milagro hemos sobrevivido a la subida de las hipotecas de 2008, pero que al paro no lo vamos a capear tan fácilmente.

La situación actual
En este momento hay una crisis a nivel internacional que ya ha barrido algunas economías como la islandesa, y todos los gobernantes se han puesto a la labor de solucionarlo. Se podría decir que el Gobierno de España ha sido particularmente inútil, y puede que sea cierto, pero la señora Elaine Garzarelli, que no es política sino presidenta de Garzarelli Capital dijo el año pasado en una publicación tan seria y sesuda como “Business Week” que se comprara “alguna de las acciones más castigadas, especialmente las de gigantes financieros como Lehman Brothers, Bear Stearns, y Merrill Lynch” y se lo publicaron con toda normalidad. Hoy ya no existen ninguna de esos tres gigantes financieros.

De momento están muy perdidos, y casi mejor así, porque cada vez que encuentran algo es para descubrir que todo está aún peor de lo que pintaba. Encima, la locomotora del mundo, EE.UU. lleva un cuarto año parada mientras se ejecuta el cambio de reinado de Bush a Obama.
De todas maneras, poco a poco se irá saliendo de la crisis, aunque esta desemboque en depresión. Aunque no todos saldrán a la vez como no todas las empresas la van a sobrevivir, e igual que han quebrado grandes empresas, quebrarán también naciones. A Islandia me remito. Y España tiene muchos papeles.

Los problemas de España
En primer lugar, España ha basado su economía en motores que ya no pueden dar más de sí. El de la automoción podrá levantar cabeza, pero llevará tiempo. El del turismo y la hostelería, como no bajen los precios, y por mucho que nos guste la jarana, se va a ahogar en su éxito mientras la gente joven se marcha de botellón y se deja dos euros en los bares. Y de la construcción mejor no hablar.
En segundo, tenemos un lastre energético tremendo. Porque esa es otra: ahora, estos días, estamos teniendo suerte porque el precio del petróleo se ha derrumbado, porque si volviese a ponerse a 150, y no digamos 250 como predijo el ministro ruso de energía, estaríamos ya viviendo en cuevas y conduciendo “troncomóviles”. Aquí nadie quiere construir centrales nucleares, y a mí no me gustaría tener una cerca de casa, pero está claro que la energía “alternativa” es eso, “alternativa”, y la tradicional genera perdidas. De momento el Estado está capeando su inutilidad intelectual recomendando ahorro y buen rollito ecológico, pero el hecho es que no puede liberar el mercado eléctrico o los precios subirían un 35% de nada. Y es que el modelo no da para más.
En tercero, tenemos unos sueldos asquerosos que generan unos subsidios del paro birriosos, sueldos que nuestros aguerridos sindicatos –ni se les ha visto ni se les espera, pues son el Gobierno con otro nombre- no han sabido subir a la par que los precios y que ahora, si antes eran bajos con bonanza, son una soga al cuello. Y eso mientras haya sueldo o subsidio del paro, porque la familia que se quede sin él y con una deuda hipotecaria de 500 euros al mes estará, sencillamente, en el arroyo.
Del cuarto, el paro, me fío menos. Aún con cuatro millones de parados a saber cuantos de ellos no estaremos trabajando “sumergidamente”. Los parados son muy relativos en los países mediterráneos, pero los pobres, la gente sin hogar, los que acuden a comedores de la Iglesia, son los mismos en Michigan o en Cáceres, y de estos últimos la cifra está aumentando a ritmos forzados.
Eso sin contar con que millones de inmigrantes han venido a trabajar a la construcción, y si la construcción no levanta cabeza, ya me dirán donde se les emplea. Porque el caso es que si se largan de vuelta a sus países la habremos hecho buena, ya que ha sido por ellos, por su aporte de mano de obra barata –aún más-, por su consumo y sobre todo por su sangre joven por lo que nuestros papas podrán cobrar pensión, algo que, os digo desde ya, es poco probable que cobremos nosotros aunque la paguemos todos los meses.
Y si esas bolsas de millones de buenos trabajadores, ahora desarraigados y sin trabajo, se quedan aquí, pero sin trabajo, ni futuro ni esperanza, lo de los barrios marginales de Paris va a parecer una acampada de ornitólogos comparado con lo que se nos puede avecinar. Y estoy hablando de los millones que han venido a trabajar, no de los miles que han venido a delinquir.
Además, y no es por ser pesado, pero es que es así, aún seguimos teniendo todos los problemas que teníamos antes: una inversiones en I+D ridículas, una mejora de la calidad de risa, y encima una moneda, el euro, que hace que hasta nuestros productos baratos y de calidad –o sea, los que producen las huertas valenciana, murciana y almeriense- sean caros de narices comparados con sus rivales norteafricanos.
Vamos, que si capeamos con estos lastres –y otros que me dejo en el tintero- este tormentón, ya sea con Zapatero o con Rajoy en el papel de “Grandes Timoneles”, a España no la hunde ni una lluvia de bombas nucleares. De momento, de partida, tenemos las mismas posibilidades de sobrevivir a ambas catástrofes.

Soluciones
No hay.
Solo hay paliativos. La crisis es crisis porque las cosas se han hecho mal, esto es como una gripe. Ahora, sí podemos poner remedios para que no se convierta en lepra.
Por ejemplo, salirnos del euro ya mismo. Ayer ya era tarde. España produce poco, generalmente malo y encima, por culpa del euro, caro de solemnidad. Si volvemos a la peseta, al menos podremos depreciarla hasta que compita en pie de igualdad con la rupia y el rublo, a quienes nunca debió dar de lado. Eso si antes no nos echan del euro, porque los alemanes están hartos de que gracias a los PIGS –Portugal, España, Italia y Grecia- su moneda, que es la nuestra, esté por los suelos para ellos. Tal vez habría que pesar seriamente en unirnos en una sola moneda con Portugal y salir de esta coyuntura juntos.
Liberalismo a tope. En serio, como suena. ¿Qué los bancos han hecho negocios ruinosos?. Pues que les den por el culo. Así. Yo he sido partidario de apoyarles, de inyectarles dinero, para que se mantuviese en pie el sistema -entre otras cosas, por medidas como esas y la nueva hoja de ruta adoptada por el BCE, han bajado los tipos de interés y nuestras hipotecas- pero si el sistema no funciona, no podemos además darles millones para que paguen con ellos parte de su deuda en lugar de emplearlos en ayudar a las familias y empresas que era lo que se pretendía.
Pero claro, tampoco el Estado debe convertirse en una entidad financiera y una empresa promotora de toda suerte de empleos y obras. Eso les funcionó en los treinta a Roosevelt y Hitler -ambos dieron al sistema capitalista un toque particular que pasaba por un mayor intervencionismo estatal, pero sin caer nunca en el sistema soviético-, pero tan solo la Segunda Guerra Mundial levantó la economía, cuando obligó a los EE.UU. a producir para todo el mundo y en Alemania “dejó libres” cerca de cuatro millones de puestos de trabajo y una nación por sacar de la edad de piedra. La URSS, que siguió con su socialismo de Estado ya vimos lo bien que acabó.
Lo que debe hacer el Estado es quitar los impuestos a las familias y las empresas pequeñas y medianas y aunque solo sea por esos miles de euros que nos vamos a ahorrar, el consumo crecería a toda prisa. Evidentemente esto supondría una merma brutal en las arcas del Estado, pero es que si alguien debe apretarse el cinturón es él.
Educación, Seguridad Social y poco más. El resto ni un euro. Lo justo para vivir. No se puede tener ministerios de todo, y menos de deporte, si una familia española, sea nacida en Sevilla o en Bucarest, pasa hambre. Y desde luego ni un céntimo para la Casa de Su Majestad el Rey. Que se pague de su bolsillo sus gastos o que contrate una hipoteca.
En cuanto a esa sangría diaria, a ese nido de pulgas, que son las comunidades autónomas, desde luego no habría que suprimirlas, por mucho que me atraiga la idea, ya que la centralizada Francia tiene aún más funcionarios que España, pero sí recortar lo que se les da hasta mínimos insospechados. Ver a Carod pidiendo limosna en la puerta del Santuario de Montserrat podría ser un buen baremo.
Y desde luego centralizar y unificar los gastos e inversiones que se hagan. Un poco de inversión pública para generar trabajo a corto plazo no es mala cosa. Lo malo es perpetuar esto en el tiempo. Pero no es normal tampoco que se ejecuten 17 planes diversos. Uno solo y serio, consensuado entre Gobierno y autonomías y llevado a muerte.
Y mientras, a la par que levantamos cabeza poco a poco, favoreciendo, financiando, a todos aquellos emprendedores que sean capaces de atisbar por donde podemos sacar cabeza. Yo soy incapaz de hacerlo, pero estoy seguro que miles de españoles ya han visto cuál es la salida, cuál el remedio, el sustituto de la construcción que nos permita levantar las economías de todos los ciudadanos. Pues a esos es a los que hay que ayudar y no a las familias Botín o Borbón.
He dicho.

Leer más...

La situación económica en España I: del pánico al caos


La buena noticia es que no nos enfrentamos a ninguna crisis económica. La mala es que a lo que nos enfrentamos es a una depresión solo comparable a la que sobrevino tras el famoso crack bursátil de 1929. Evidentemente esto no lo pueden decir aún ni los políticos que nos gobiernan, más si recordamos lo que les costó emplear la palabra “crisis”, ni los que aspiran a sustituirles, ya que hacer cundir el desánimo es poco práctico para la economía y aún menos útil para sus intereses electorales. Sin embargo yo, un modesto escritorzuelo de un aún más modesto blog, puedo decirlo con toda tranquilidad y encima puedo aportar las pruebas en las que me baso. Cosa vuestra ya será darme crédito o no.

¿Qué es una depresión?
Una depresión económica no es otra cosa que un largo periodo de contracción económica caracterizado por un aumento radical del número de parados y una disminución drástica del producto interior bruto y la demanda de bienes de consumo. En otra palabras, algo más que una simple crisis como la que dicen que estamos atravesando ahora.
¿Y por qué creo que no estamos frente a una crisis sino ante una depresión si la primera característica que debe cumplir una depresión es la de durar un largo periodo de tiempo, cosa de la que desde luego aún no podemos hablar?. Pues porque, y a diferencia de 1992 o 1987, cuando las bolsas de todo el mundo también experimentaron espectaculares caídas, ahora nos enfrentamos a una crisis mucho más seria que una “simple” crisis bursátil.
De hecho, a lo que nos enfrentamos es a muchas crisis, algunas de las cuales ya han aflorado –como la de la construcción-, otras aún está por ver hasta donde van a llegar –como la de los bancos-, y otras se encuentran larvadas aunque a este paso estallaran a punto fijo, algunas de las cuales son fáciles de atisbar y otras ni imaginar podemos.
Y todo esto, claro, en un contexto de crisis mundial, tan válido para España como para México, pero con el agravante de que en algunos países la crisis será menos seria, y en otros, como parece que es el caso de España, será espantosamente peor de lo que los más negros agoreros se atreven a anunciar.

La crisis inmobiliaria
Centrándonos en el caso español, y por orden cronológico, la primera gran crisis a la que hemos de atender es la de la construcción. En los últimos tiempos y en todo el mundo, se produjo un notable aumento de la construcción, pero sin ningún lugar a dudas en ningún otro lugar éste experimentó las tasas de crecimiento que pudimos observar en España. Si acaso en los EE.UU.

Las razones de este crecimiento del sector de la construcción fueron muchas, entre otras que los bancos prestaron dinero muy barato a mucha gente y que mucha gente vio en la compra de casas un negocio más seguro y rentable que las inversiones bursátiles. Un negocio seguro, sí, pero no infinito, ya que este modelo había forzosamente por terminar agotándose en el momento en el que las casas subiesen tanto de precio que ya fuesen inalcanzables para los nuevos compradores.
Sin embargo, antes de que se llegase a ese punto de inflexión, en los EE.UU. estalló lo que, allí sí, era una enorme burbuja inmobiliaria. Ya hablé de ello cuando comenté el artículo de don Leopoldo Abadía, así que en pocas palabras lo resumiré diciendo que los bancos prestaron mucho dinero a muchas personas fiables para comprar muchas casas de calidad. Cuando se les acabó su dinero continuaron prestando el de otros bancos, y cuando dejó de haber personas de confianza empezaron también a prestárselo a personas con menos garantías, o directamente sin ninguna garantía, y eso para comprar casas de calidad alta, baja o sencillamente nula.
Mientras en los EE.UU. se compraron casas a precios de oro y aún así se revalorizaban, el negocio repartió pingües dividendos, pero cuando la gente se dio cuenta de que estaba pagando mucho más por unas casas que valían mucho menos, dejaron de pagar sus hipotecas. En los EE.UU. si no quieres pagar tu hipoteca le das tu casa al banco y te olvidas del problema. Te quedas sin casa, claro, pero también sin deuda. Así que los bancos se encontraron en cuestión de meses con miles de casas y millones de deudas con sus accionistas y con otros bancos.
En España también se ha revalorizado el valor de las casas muy por encima de su valor real, pero “por suerte”, si aquí no puedes pagar tu hipoteca, el banco se queda con ella, la subasta y aún les debes lo que falta de pagar de deuda. Y así, claro, nadie entrega su casa salvo si ya no hay nada que hacer. Por eso aquí los precios han caído sí, pero mucho menos.

La crisis bancaria
Como ya he dicho, los bancos de EE.UU. jugaron con su dinero y también con el de otros bancos extranjeros. Pienso que muy poquitos de ellos españoles, más que nada porque los bancos españoles estaban en las mismas, jugándose su dinero en el crecimiento inmobiliario español y también el que otros bancos les prestaban. Sea como fuere, cuando estalló la burbuja inmobiliaria en EE.UU. los bancos se asustaron y dejaron de prestarse dinero alegremente, lo que provocó una subida inmediata de los tipos de interés. Si tú te fías de mí, me prestas el dinero a cambio de poco o nada, pero si no te fías, me pides todo tipo de garantías y encima me cobras los intereses que te plazcan.
Así, como los bancos no se prestaban o se prestaban a mucho interés, los mismos bancos empezaron a estrangular a sus hipotecados y a no conceder nuevas hipotecas, con lo que aunque en España la burbuja no estalló, las familias vieron que las hipotecas de 600 euros al mes pasaban a ser de 800, 900, 1000… Y claro, a más pagos de hipotecas, menos ropa, comida, cenas, fiestas… Y encima no podían vender porque no había compradores a esos precios, ya que los bancos no prestaban, y si bajaban los precios de su casa, se encontraban con que seguirían debiendo dinero al banco.
Pero no solo a los hipotecados o a los futuros compradores les empezaron a estrangular los bancos, también a las inmobiliarias, que de la noche a la mañana vieron como ni sus clientes tenían dinero para comprarles lo ya edificado ni a ellos les adelantaban el dinero para pagar los materiales con los que terminar las obras ya iniciadas.
De esta manera, aunque en España no se han derrumbado los precios, la construcción sí se ha ido a pique, ya que ni pueden vender, ni pueden construir, ni nada. Y siendo la construcción el motor económico nacional de los últimos años, la caída de este sector, que podría y de hecho es, poco más que simbólica en Italia o Alemania, en España, donde durante años se ha construido más que en Francia, Alemania y el Reino Unido juntas, ha sido y es catastrófico.

La crisis económica global
Pero no solo a los compradores y constructores de casas no prestan ya dinero los bancos. Ahora ya no le prestan a nadie. De esta manera el consumo se derrumba en todos los sectores. Y si baja el consumo, la producción, naturalmente, se resiente por todos sus flancos. Y esto es lo que le está pasando al sector de la automoción, por ejemplo.
Si a alguien no le prestan dinero, compra poco, empezando por un coche o unas vacaciones. Y así España ve como sus otros dos puntales económicos, la automoción y el turismo, ya el protagonizado por los turistas extranjeros como por nuestro propio consumo interno se derrumban. Y más despidos que añadir a la cesta.
De esta manera, todas las empresas que dependían de la construcción, el turismo y la automoción, se tienen que atar los machos y comenzar a reducir producción, lo que implica reducir personal. Eso sin contar los “ajustes” llevados a cabo por diversas empresas aprovechando eso de que el Pisuerga pasa por Valladolid. Paro, paro y más paro.

Y aún no he terminado

Leer más...

Mitos y mentiras del conflicto palestino-israelí


Haciendo mía la idea de nuestro amigo "colombiano" abro este espacio para que todo el que quiera deje en un comentario lo que libremente opine que no son más que mitos, mentiras y leyendas sobre el conflicto que asola la región de Tierra Santa. Así mismo, también se puede juzgar los mitos y mentiras aportados por los otros lectores.
Invitados estáis.

Leer más...

¿Qué ocurre en... Gaza?


No sé quién dijo en una ocasión que no podíamos extrañarnos de que palestinos e israelíes no encontrasen nunca “la paz” si ni nosotros mismos, los ciudadanos de países occidentales de tradición cristiana -nos guste o no y a fin de cuentas, simples espectadores de este conflicto- éramos incapaces de abordar el tema con un mínimo de objetividad, siempre tomando, antes o después y con más o menos vehemencia, partido por unos u otros. No le faltaba razón.
Lo cierto es que por encima de bombas, cohetes, incursiones y atentados, hay tal capa de mentiras, mitos, eufemismos, rencores y odio que tratar de hacer un análisis medianamente objetivo de la situación requeriría en primer lugar horas y horas de laboriosa desmitificación de un conflicto que lleva asolando la región más de medio siglo y que no parece que vaya a terminar en los próximos minutos pese a los evidentes, aunque notablemente endebles, avances que se han venido produciendo en los últimos años.
Aunque tal vez por esto mismo hablamos de Palestina y no lo hacemos del Congo, por ejemplo, donde hoy mismo morirán diez veces más civiles que en Gaza sin que nadie diga gran cosa y pese a que allí ya hay una misión de Naciones Unidas para garantizar, sino la paz, sí al menos la seguridad de los millones de inocentes culpables tan solo de haber nacido en el lugar equivocado en el momento menos adecuado, si es que en el África ecuatorial que esquilmaron franceses y belgas hay algún lugar en el que nacer no sea un acto de arrojada locura.

Y sin embargo, y por extraño que pueda parecernos, conflictos más enconados, más longevos y más complejos se han solucionado, tal vez a medias, tal vez de malas maneras, pero solucionado a fin de cuentas. Y no hablo precisamente de los Balcanes, donde hoy día aún se matan en Kosovo, aunque bien es cierto que hace cien años se mataban en cada pueblo y cada aldea desde Atenas hasta Bucarest, creando cada minuto más historia de la que eran capaces de digerir, como dijo Churchill.
Hablo en cambio de conflictos internacionales ya olvidados hoy como el que desangró durante generaciones a franceses y alemanes, o religiosos, como el que enfrentó a ingleses e irlandeses, o políticos, como el que asoló en forma de varias guerras civiles España y algunas otras repúblicas hermanas americanas. Conflictos de lo más variados y que en su día parecían no tener solución o al menos que, de tenerla, esta sería múltiple, compleja, abstracta y enrevesada. Y eso de tenerla.
Sin embargo hoy día uno pasea por la frontera germano francesa sin preocuparse mucho de si Alsacia es Francia o Alemania -entre otras cosas porque nadie le pide el pasaporte a nadie- y desde luego pensando en cualquier otra cosa que en la inmediatez de la próxima ofensiva teutona para recuperar o arrebatar –según se mire- esa región a su vecino del oeste. Y pese a los ánimos encendidos de algunos mequetrefes piromaníacos, que siempre los habrá, salvo por las hordas etarras, en España se puede hablar con Libertad y sin miedo a que a la madrugada siguiente vayan a venir los carlistas, o los milicianos, o los “grises” o los “guardias de asalto” a darnos un “paseo” con o sin juicio sumarísimo previo.
Y lo curioso es que la enrevesada solución múltiple que hace años nadie acertaba a ver para cada uno de estos conflictos ha sido para todos la misma: la Democracia. Así de sencillo. Tal vez porque allí donde la gente tiene derecho a hablar con Libertad cada vez tiene menos necesidad de expresarse a tiros. O tal vez porque nos hemos acostumbrado a vivir bien incluso en tiempos de crisis y preferimos bañarnos en una playa del Caribe que en un atolladero normando.
Claro que para llegar a esa conclusión, en Europa y América, pese a nuestros Hegel, Kant, Savater o Cervantes, Vargas y Byron –e incluso a veces gracias a algunos de ellos- hemos tenido que ahogar en sangre a generaciones enteras para comprender que la Democracia es la solución universal.
Así pues, me temo que hasta que no entren en razón en Tierra Santa, y sobre todo en Gaza, y den de lado a los terroristas -me refiero al glorioso militar hebreo que ordena incursión contra civiles palestinos y al abnegado mártir palestino que estalla en un centro comercial-, para pasar a dedicarse de una puñetera vez a formar ciudadanos y no países o pueblos, tendrán sangre para rato.
Eso sí, por su culpa, no por la nuestra.

Leer más...